El hielo sobre el lago

varmaEn ese momento no me daba cuenta, pero estaba muy ansioso.

Me hallaba en medio de una investigación sobre la aparición de un demonio en el pueblo de Suhri, una aldea perdida en las montañas del este del reino. Entrevistaba a la Superiora de una Orden de la que no recuerdo el nombre, cuando me pareció escucharla. Era la voz de Nirali en mis oídos, después de tanto tiempo.

Desde afuera de la sala, su tono inquieto y agudo me erizó la piel, me secó la boca, me hizo olvidar de qué estaba hablando por un instante. Mientras hacía mis viajes por el territorio de Daranis y reclutaba sobrenaturales para el nuevo ejército del reino, había visto muchachas flacuchas y de cabello castaño que se le parecían. Me ilusionaba, corría detrás de alguna. Nunca era ella.

Creí que estaba confundido de nuevo. Iba a pasar por alto los gritos, que eran cada vez más fuertes, pero la anciana interrumpió nuestra conversación. Irritada, salió al patio del convento, a ver qué ocurría.

La seguí, por curiosidad. Pero me quedé petrificado, en el vano de la puerta.

Allí estaba la aprendiz de hechicera que me había vuelto loco desde que caí en Refulgens, la ciudad del fuego rojo. Era Nirali, aquella chica escuálida y llena de energía. Luego de más de dos años de no verla, todavía tenía el poder de estremecerme.

Estaba más flaca que la última vez que la vi y parecía haber pasado mucho tiempo al sol de los caminos; sin embargo, se me hizo hermosa. Tenía el cabello largo, recogido en un modo desordenado que dejaba algún rizo oscuro sobre su cara. Sus ojos marrones reflejaban la misma incredulidad que yo debía tener en los míos. Por fin la había encontrado, de casualidad.

Entonces la situación tomó forma y la decepción fue asfixiante.

Nirali intentaba meterse al templo, como futura sacerdotisa. Había olvidado la promesa que me había hecho. Y, mientras ella se encerraba entre esas paredes, yo la hubiese aguardado por siempre en la capital. Hubiese cumplido, a pesar de no volver a saber nada de ella. Porque mis promesas son importantes. Por eso, y porque soy un estúpido que graba sus palabras en piedra.

—Estoy abandonando la práctica de la hechicería elemental para unirme a ustedes. Mis circunstancias son algo largas de explicar, pero en mi niñez he enlazado mi destino a este lugar por medio de una promesa hecha a mi hermana, Madhu Sidhu. Si le permitiera venir, ella podría servir de testigo.

Fue oírla hablar con la superiora y sentir la furia. Quería arrojarle el anillo a la cara, olvidar al demonio de aquel pueblucho y volver a mi vida como general del Rey Nimai. Los nobles no paraban de ofrecerme a sus hijas, las viudas se me insinuaban. Incluso las esposas estiradas de esos mismos ricachones enviaban a sus criadas a mi casa, con notas perfumadas. Yo me hacía el tonto y dejaba correr las historias sobre una prometida misteriosa. Por las noches, me sentaba en mi patio a beber taj y observar el anillo que le había comprado. Mientras tanto, Nirali pretendía convertirse en una de las servidoras de Daia. Eso, la Orden era de la diosa Daia.

Pero me comporté. La acompañé a enfrentar a ese demonio, no sin antes entregarle el anillo con el que había pensado hacerla mía. Mía… sí, claro. No es como si ella fuese una lámpara de aceite o una bandeja de plata. No podía pertenecerme. A pesar de todo, era verla sonreírme y sentir que la cabeza me daba vueltas.

No podía pensar con claridad.

Luego, el demonio que asolaba Suhri resultó ser un genio que solo quería hacer escándalo y quedarse con las chicas bonitas del lugar. No tuve tiempo de asquearme o darle una buena patada, porque Nirali supo que las muchachas atrapadas estaban vivas y se apresuró a encerrarlo, en el objeto-portal que tenía más a mano. Mi anillo. No había botellas ni lámparas a la vista. Solo podía utilizar la piedra de mi regalo, como abertura para atraparlo.

No la culpé. Pero aquel anillo significaba algo. Mi esperanza terminó de romperse.

Liberamos a esas muchachas, que volvieron a darle vida a aquel pueblo tan castigado. Los ancianos que habían invocado al genio fueron apresados, por lo que el pueblo quedó sin autoridades y debí hacerme cargo del Palacio del Concejo, hasta reunir uno nuevo entre sus habitantes. Era el representante del rey y no podía hacerme a un lado, así que analicé la situación, llamé a varios sectores de la población y me mantuve ocupado por algunos días.

Nirali se me apareció una noche, con una lista de la gente de la que debía cuidarme en aquella nueva elección. No tuve tiempo de agradecerle, porque salió con la misma rapidez con la que había entrado.

En menos de una semana, Suhri ya tenía a su nuevo Concejo, y yo solo tenía que dar mi informe al rey Nimai en la capital. Aunque, en realidad, no deseaba marcharme.

El pueblo entero armó un festejo, cada casa dio un banquete y yo pensé en aprovechar para salir huyendo, cuando los padres de Nirali me hicieron su invitación.

Asistí a la mansión de los Sidhu por idiotez. Bien podría haberme negado, en favor de alguna invitación de otra familia más importante. Si bien ellos eran influyentes, tenía unas cuantas opciones más para evitar encontrarme con mi tormento.

Así y todo, estaba muriendo de ganas de verla. La tenía tan cerca, después de dos años de esperarla en vano, que no me importaba haber sido olvidado. Mi dignidad era una vocecita débil, al fondo de mi cabeza, que me rogaba que la ignorara. La sepulté bajo el ruido de la música, el humo de los narguiles y, para rematar, la ahogué con algo del vino de la zona.

Ella estaba hermosa… ¿para qué voy a repetirme? Cada vez que recuerde alguna de estas ocasiones, voy a decir lo mismo. La habían vestido en amarillo y dorado, la habían llenado de brazaletes y le habían hecho una trenza decente, con la que ella jugaba de manera inquieta. Habíamos crecido, los dos. Ella no dejaba de ser pequeña y escuálida, pero la curva de su cintura se insinuaba mejor debajo del sari translúcido y su mirada tenía una agudeza de la que antes carecía. Temí verme como un viejo a su lado, pero apenas me encontró entre la multitud, ella corrió hacia mí, con la misma sonrisa chispeante de siempre.

Enfurruñado, la vi bailar con su hermana, con sus primos, con algún nuevo miembro del Concejo, pero no me levanté del asiento junto a Kirpal Sidhu. No quería volver a ilusionarme. Debía salir de aquel pueblo con mi imagen intacta. Entonces, en medio de alguna conversación aburrida sobre leyes de comercio y los cambios con la introducción del pueblo sobrenatural a los súbditos daranienses, me vi sujetado por mi tormento otra vez.

—Padre, me llevo a Deval un momento —anunció ella.

—¡General Khan, hija! —la corrigió el hombre, entre risas.

La dejé llevarme, sin decir nada. Sus dedos quemaban sobre la manga de mi traje. Mi corazón dio una patada a mis costillas y rogué no tener que seguir los pasos intrincados de la danza regional, porque iba a hacer el ridículo. Pasamos de largo a los bailarines y la orquesta, para terminar en el patio, junto a una de las tantas fuentes de agua y plantas de enredadera que cubrían las columnas.

—Dime que todavía lo tienes —me asaltó, junto a la puerta.

—¿Qué cosa?

Ella vio el anillo, que colgaba de mi cuello en una cadena.

—Esto. Dámelo.

Me sentí incómodo. Solo se trataba de eso.

—No es tan fácil —protesté—. Ahora es una responsabilidad y…

—Ven.

En medio de una conversación con su hermana, Nirali había sacado el tema del anillo que yo había comprado mientras la esperaba en Varma. El mismo que para entonces llevaba encerrado al genio que casi había acabado con aquella población.

—En esta familia toda palabra se graba en piedra, general —explicó Madhu—. Podemos encargar a mi padre otro anillo igual, si lo desea.

Ese argumento me era conocido. De pronto, la terquedad me abandonó y la tristeza vino a llenar el lugar. Yo ya no tenía nada que hacer con aquel anillo. No me pertenecía.

—No es por eso. Mi palabra también tiene valor, así que las entiendo —expliqué—. Pero el anillo es de Nirali ahora. Ella es quien decide.

Nirali no tardó dos segundos en tomar el objeto de mi mano, para ponerlo en la de su hermana. Mi dignidad dio un aullido doloroso, mientras caía, herida de muerte.

—Bien. Ahora es tuyo, Madhu —anunció mi tormento, con alegría—. Cuídalo bien, porque no creo que volvamos por aquí en un tiempo.

—Si me disculpan —murmuré, emprendiendo la retirada.

Pero Nirali me detuvo del brazo y comenzó a hablar de una forma atropellada. No la entendí bien en medio del ruido y de los gritos de mi orgullo, que me ordenaba que mandara a ese pueblo de campesinos al quinto infierno.

—Espera. Ahora tú, tendrás que hacer valer tus palabras también —exigió—. O lo que no dijiste pero sí dijiste al entregarme esa sortija.

Hice lugar en mis pensamientos, con esfuerzo, para volverme hacia ella.

—¿Cómo?

La miré, intentando descifrar qué me había querido decir. La sacerdotisa pareció captar lo que ocurría al instante.

—¡No vas a hacer esto aquí, sin la familia presente! —gritó, en un arrebato de emoción que me hizo sospechar algo—. ¡Papá, mamá, vengan!

Entonces, la comprensión llegó a mí como una lluvia tranquila, luego de un verano insoportable. Madhu nos dejó solos por un momento, junto a la puerta que daba al salón y sobre el jardín descuidado de la enorme casa.

—Oh, dioses —murmuré, al darme cuenta de que la calidez en las manos de Nirali no había abandonado las mías desde hacía un buen rato.

—Mi respuesta es sí —contestó ella, a la pregunta que jamás le había podido hacer—. Lamento haberte hecho esperar en la capital. Estaba confundida.

La vocecita en mi cabeza lanzó una risotada irónica, pero volví a sepultarla debajo de mi propia felicidad y sorpresa. Temía hacer una pregunta, por si confirmaba que estaba en un error. Pero todo indicaba que ella estaba aceptándome como su esposo.

Los Sidhu llegaron junto a nosotros, en medio de un alboroto de planes y sugerencias. Yo no podía encontrar las palabras, no me salía decirle todo lo que había imaginado para ese momento. En lugar de eso, sonreí como tonto y entrelacé sus dedos con los míos.

—Dioses. Ahora sí tendré que encargar otro anillo —fue lo único que me salió por la boca.

El aire se llenó de exclamaciones de alegría y felicitaciones. Nirali me sonrió, también, con una sonrisa tímida que me llenó de ilusiones. La felicidad empezaba a alcanzarme, de a poco, como los brotes de flores blancas que aparecen en todo Varma para la primavera.

La comparación puede sonar cursi, y yo nunca fui conocido por mi calidez o mi amabilidad. La imagen de un lago descongelándose en primavera me viene bien. Nirali es la explosiva, la que puede quemar y arrasar con todo si se enoja. Ella sería el volcán. Yo, como mucho, podía convertirme en sus aguas termales.

—Me basta con el otro regalo, el más brillante —admitió ella, en un tono que presagiaba más travesuras—. Vas a tener que enseñarme a invocar el rayo.

Al oírla, una grieta enorme partió mi felicidad.

La invocación del rayo era una historia que no me interesaba sacar a la luz. No podría hacerlo, ni aunque hubiese querido. Ella me había visto utilizar el fuego blanco en Bunhal, la ciudad independiente, cuando nos defendimos de los monstruos del rey invasor. Pero nunca me oyó decir que supiera cómo. Hay cosas que hacemos, están en nosotros y no tienen que avergonzarnos ni enorgullecernos, porque nos acompañan desde siempre. Como un brazo, o una pierna. Así era la llamada al rayo para mí.

Sin embargo, podía ver el entusiasmo en mi prometida. Mi prometida, mi Nirali. No era mía, nunca lo sería, pero la música era demasiado fuerte, la gente nos felicitaba, el aroma de las flores y las especias eran muy dulces. El momento era casi perfecto. Yo no podía pensar con claridad.

Asentí, con algún ademán impreciso, y me di el gusto de abrazarla mientras sus padres eran envueltos por los nuevos festejos. Empezaría a entrenarla, me casaría con ella y la llevaría a Varma lo más rápido posible. Luego, con el tiempo, se me ocurriría algo. Mientras tanto, lograría que Nirali me amara tanto como yo a ella.

Y sí, estaba ansioso. Porque «casi perfecto» no era suficiente para mí.

***

Este es el inicio de la continuación de Suhri, la historia que escribí para el último Blogs colaboradores en que participé este año.
La historia se llama Varma y probablemente tenga capítulos largos como éste o más, así que los publicaré en Wattpad, en Inkspired y también en Sweek. Dejo los enlaces, por si tienen cuenta por allá y quieren seguirlas. 

Comentarios

  1. Me gustó. Como lo hizo sufrir Nirali.
    Menos mal que decidió convertirse en su prometida.
    Un abrazo

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    1. Sí, pero no sabemos si las cosas van a salir muy bien entre ellos con ese comienzo tan inseguro :P Gracias por pasar y comentar :D

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  2. te felicitamos, esta muy lindo! saludosbuhos, te compartimos y esperamos leer mas.

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    1. ¡Gracias! Espero tener pronto el capítulo siguiente.
      ¡Besos!

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  3. Sorprendente, me ha prendido completamente. Será un gusto estar atenta para continuar la lectura~. Que tengas un genial domingo. Ánimos.

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    1. Gracias y bienvenida al blog. Las continuaciones saldrán en Wattpad, Sweek e Inkspired, por el largo de los capítulos. Aunque traeré algunas novedades de la historia pronto.
      ¡Besos!

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  4. ¡Hola! ¡Qué genial! Qué cruel puede ser Niralí sin darse cuenta ¡Cómo lo hizo sufrir! Y parece que todavía le quedan otros pesares por el camino. Estaré atenta a la continuación.

    ¡Un abrazo!

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  5. Ahora me dejaste con las ganas, y yo sin ninguna de esas cuentas!
    Lo vas a publicar en tu blog también?
    El que está ansioso ahora soy yo...

    Abrazo!

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  6. Wow pero vaya genio de Nirali. Al final lo que cuenta es que ella lo aceptó , y claro sin saber augurar lo que puede avecinarse. Encantador , me gusto esta continuacion.
    Abrazo!

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  7. Desde luego es una excelente muestra de tu trabajo con esta historia en la que está naciendo un mundo literario, con unos personajes con mucho recorrido. Un abrazo!!

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  8. (。◕ ‿ ◕。)/ Holaaa!!!
    Excelente texto me ha encantado pero me ha dado tristeza cuanto han hecho sufrir al personaje llamado Nirali :c a pesar de todo tampoco se dio cuenta de lo cruel que pudo llegar a ser, felicidades porque haz manejado muy bien este texto!

    Espero puedas pasarte que estés bien!

    穛 S4Ku SEK4i®

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